Resumen del Estudio: “Nombres y motes en Bolaños de Calatrava durante el siglo XIX”
Autor: Ramón Ramírez
Este estudio recopila y analiza la forma en que los vecinos de Bolaños de Calatrava fueron identificados a lo largo del siglo XIX, destacando la importancia de los motes y apodos como elemento diferenciador en la vida cotidiana.
El trabajo explica que en los primeros años del siglo XIX era común registrar a las personas únicamente con su nombre y primer apellido, lo que provocaba frecuentes confusiones en localidades con escasa variedad de nombres propios y apellidos muy extendidos. Para resolverlo, se recurrió a distintos procedimientos: añadir “mayor” o “menor” en casos de parentesco directo, incorporar el nombre del padre para distinguir a primos homónimos, o emplear apodos populares.
La investigación aporta una relación de vecinos conocidos por su apodo, algunos de los cuales llegaron incluso a figurar en documentos oficiales. Entre ellos se encuentran nombres como Vilanos, Gorito, Grajo, Matamoros, Pelapitos, Piojo, Pincel, Moracho, el Ajero, Pontoco o el Bolichero, transmitidos de generación en generación y aún reconocibles en la memoria colectiva.
De especial interés resulta el documento municipal de 1888 con la “lista rectificada de las familias pobres asistidas por el médico titular”, en el que los beneficiarios aparecen identificados directamente por sus motes, como el hijo del Majillo, el Tonto de Aguardientes, la Zumbía, Cruz de Cagatoria, el feo de Fúnez, Chaparrillo o el abuelo de Jariro. Estos apelativos, lejos de ser informales, funcionaban como un sistema práctico de identificación en la vida social y administrativa del pueblo.
El estudio también subraya que, a partir de 1870, con la creación del Registro Civil obligatorio, se generalizó el uso oficial de los dos apellidos, aunque en la práctica popular los motes continuaron siendo la vía más común de reconocimiento entre los bolañegos durante todo el siglo XIX y gran parte del XX.
En conjunto, el trabajo ofrece una visión singular de la identidad local, mostrando cómo la cultura oral y los apodos reflejaban las relaciones sociales, las costumbres y la manera en que los habitantes de Bolaños se reconocían a sí mismos.
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