BOLAÑEGOS: ¿PEGUJALEROS O TERRATENIENTES?

Resumen del estudio Bolañegos: ¿pegujaleros o terratenientes?

Autor: Ramón Ramírez Martín (septiembre de 2025)

Este trabajo analiza la estructura social y económica de Bolaños de Calatrava durante el siglo XVIII, a partir de la información obtenida en el Catastro del Marqués de la Ensenada (1752) y otros documentos contemporáneos. El estudio reflexiona sobre el término “pegujalero”, aplicado a los campesinos que, aun realizando labores como jornaleros, poseían pequeñas porciones de tierra propias.

El autor explica que los pegujaleros representaban un modelo intermedio entre los jornaleros sin recursos y los grandes terratenientes. Eran pequeños propietarios que trabajaban sus propias parcelas —huertas, viñas, olivares o sembrados— y complementaban sus ingresos con jornales y labores estacionales. En Bolaños, esta figura fue especialmente común debido a la limitada extensión del término municipal (unas 14.400 fanegas, de las cuales solo 7.800 eran cultivables), lo que propició un reparto fragmentado de la tierra.

El estudio destaca que en 1752 existían 165 vecinos propietarios, algunos con apenas una o dos parcelas, frente a un reducido grupo de familias con mayores posesiones, entre las que se encontraban los Díaz de Piña, López Villaescusa, Guzmán, Almansa y Calzado, apellidos de peso en la vida política y económica local. El mayor propietario identificado fue Bartolomé Díaz de Piña, titular de más de 150 fanegas y de otras fincas de relevancia, cuyos bienes pasaron a sus descendientes y allegados.

Los documentos catastrales de la época también registran propiedades a nombre de cofradías y hermandades locales, como la del Santísimo Cristo de la Columna o la Hermandad de las Ánimas, cuyos terrenos eran modestos, generalmente inferiores a una fanega.

En contraste con la escasa presencia de nobles o grandes terratenientes, la sociedad bolañega del siglo XVIII se caracterizó por la abundancia de pequeños agricultores autosuficientes, cuya estabilidad y esfuerzo familiar contribuyeron al crecimiento demográfico sostenido del municipio. De hecho, la población pasó de 1.190 habitantes en 1752 a más de 4.000 en 1900, sin experimentar las crisis migratorias que afectaron a otros pueblos del entorno.

El autor concluye que la historia de Bolaños puede entenderse como la de una comunidad laboriosa y resiliente, que basó su progreso en la propiedad compartida de la tierra y en el trabajo constante de sus vecinos. El interrogante final del estudio —si los bolañegos fueron “pegujaleros” o “terratenientes”— se resuelve reivindicando el carácter trabajador, perseverante y arraigado de los habitantes del municipio, que hicieron de su pequeña propiedad la base de su identidad colectiva.

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