
Las cuevas-almacén son estructuras subterráneas utilizadas principalmente para el almacenamiento de diversos productos. Un ejemplo significativo es la cueva ubicada en la C/Pintor Antonio López, 18. Esta cueva presenta características distintivas como una fresquera y una conejera, además de una lumbrera que permite la entrada de luz y ventilación. Todas las estancias de esta cueva son diáfanas, es decir, no tienen separación física entre ellas, lo que facilita el acceso y la distribución de los productos almacenados. La estancia número 3, en particular, se utilizaba como depósito de serrín sobrante de una carpintería cercana, el cual se empleaba como combustible.
Otro ejemplo es la cueva situada en la C/ Cervantes, 5. Esta sigue el modelo más común de cueva-almacén, también equipada con fresquera y lumbrera, y con estancias diáfanas. Estas cuevas no solo tienen un valor funcional, sino que también poseen un importante valor etnográfico y antropológico, ya que forman parte de la identidad cultural de la región. La publicación “Bolaños y su arquitectura popular” de Bernardo Rubio López, en el capítulo “La cueva empleada como vivienda”, ofrece un estudio detallado de estas estructuras, destacando su relevancia histórica y su estado actual.
